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martes, 18 de febrero de 2014

CAPÍTULO 11 "EL PRIMER MANDAMIENTO" CONNY MENDEZ

Los tres primeros mandamientos son uno solo. Los tres se refieren a una misma cosa, y dicen así:
(1) “Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre. No tendrás dioses ajenos delante de mí.
(2) No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra.
(3) No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visto la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que aborrecen, y hago misericordia a millares, de los que aman y guardan mis mandamientos.
(4) No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomase su nombre en vano”.
Lo primero que hay que recordar es que cuando la Biblia repite tres veces algún punto, significa que se ha de tomar en el sentido de la letra y no simbólicamente; además de que ese sentido es el mismo en los tres planos
de conciencia: material, mental, espiritual.
En este mandamiento aparece tres veces la mención de “Jehová tu Dios”. La primera mención se refiere a Dios, Creador de todo. La segunda se refiere a la Ley, o Principio. La tercera se refiere al “Yo Superior” de cada uno de nosotros, que es uno con Dios, uno con el Principio. O sea, que aquí están presentados tres aspectos de una misma entidad y poder.
Egipto es el símbolo de la materia. Del hombre primitivo que no ha alcanzado aún el grado de poder comprender o aceptar el concepto de un Dios único, invisible. Los egipcios adoraban a muchos dioses, ídolos formados y visibles. Hermes dio el primer paso para inculcarles la idea de un Dios único. Como primer esfuerzo, sirvió de impulso pero no se afirmó. Retrocedieron a sus creencias acostumbradas. Moisés vino a darles un nuevo impulso.
Por esto dice: “Yo soy Jehová tu Dios que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre. No tendrás dioses ajenos delante de mí”.
En la interpretación terrena para el plano material y para los seguidores de Moisés en el Éxodo, esto ordenaba hacer tal cual lo que dice, que un Dios único los había liberado de la esclavitud en las casas de sus amos egipcios; que ese nuevo dios se llamaba Jehová y que no deberían continuar sirviéndole a sus antiguos ídolos.
En la frase (2) estipula las formas de estos ídolos, o sea, que prohíbe adorar imágenes, a los animales, a los peces. 
En la frase (3) les habla muy claro. Les prohíbe venerar y honrar a sus muñecos pintados. Y celoso. Que él castigará no solamente al desobediente sino a sus hijos, nietos y descendientes, pero que tendrá piedad de aquéllos que le obedezcan.
Todo esto es tan infantil que las generaciones futuras protestaron ante la patente injusticia, de modo que fue aclarado y abrogado por el profeta Ezequiel. Lo cual muestra cómo la mente humana iba desarrollándose y
encontrando pueril algunos puntos de aquellas órdenes de Moisés.
Para nosotros, el significado metafísico ya está diáfano. “Yo soy Dios, que te extrajo del concepto material. No atribuyas poderes a otra cosa que a mí. No te forjes imágenes (mentales). No les temas ni las respetes, ni formes tus juicios de acuerdo con lo que veas en el exterior (arriba en el cielo, ni abajo en la tierra ni en las aguas debajo de la tierra), porque la Ley te entregará lo que ordenen tus errores (los que me aborrecen) y corregirá tus manifestaciones al tú emplear la Verdad (hago misericordia a los que me aman y cumplen mis mandamientos)”.
Los hebreos, andando el tiempo, tomaron las Escrituras tan al pie de la letra, que en sus sinagogas no hay nada que pueda recordar siquiera una “imagen”, y se recargaron de todas las imposiciones enumeradas en Levítico hasta el punto que los levitas vivían abrumados por un complejo de culpabilidad, ya que les era humanamente imposible cumplir los seiscientos y pico de ritos y detalles diarios a los cuales se creían comprometidos.
La Biblia es un tratado psicológico y metafísico. Es el libro de la verdad. Ella no ordena. Sólo explica. Encierra una explicación y un consejo para cada una de las circunstancias de la vida, en todos los planos de conciencia.
El Nº (4) “No tomarás en vano el nombre de Jehová tu Dios; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano”, se refiere directamente a lo que ya tú sabes: No te condenes tú mismo con tus palabras. No digas que eres feo, malo, negativo, no te apropies condiciones que después lamentes verlas manifestadas tales como “Mi mala memoria”, “Mi corazón enfermo”, “Mi cojera”, “Mi pésima vista”, etc., pues todo esto es tomar en vano el nombre de Jehová tu Dios, y la ley no perdona (no dará por inocente) a lo que se decrete en nombre del “YO”. Habrás dado una orden que el subconsciente hará todo lo posible por cumplir en todas tus circunstancias (hasta la tercera y cuarta generación).

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